El IMPACTO DE LAS ENFERMEDADES INFECCIOSAS

por Rachel Wilson

http://www.prb.org/SpanishContent/Articles/2004/PotenciacionDeLasComunidadesParaReducirElImpactoDeLasEnfermedadesInfecciosas.aspx

(Mayo 2004) Las enfermedades infecciosas continúan causando mala salud y muertes a millones de personas en todo el mundo, a pesar de los avances de los últimos 100 años en salud pública (entre los que se encuentran un mayor número de vacunas y antibióticos y mejoras en saneamiento). En muchos países en desarrollo, las mujeres tienen especial dificultad en evitar infecciones debido a los obstáculos sociales y económicos que impiden su acceso a información y servicios de salud. Para reducir el impacto de las enfermedades entre las mujeres, algunos programas de prevención de enfermedades infecciosas están empleando enfoques a nivel de comunidad aplicados por las propias mujeres.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en 2001 las enfermedades infecciosas causaron el 26% de la mortalidad total en todo el mundo y ocasionaron 15 millones de muertes, muchas de las cuales podrían haberse evitado con medicamentos, vacunas y acceso a agua y alimentos no contaminados. Las muertes por el SIDA y la tuberculosis, la malaria, las enfermedades diarreicas y las infecciones respiratorias representan una gran parte de la carga de las enfermedades infecciosas. Pero la mortalidad muestra tan sólo parte de la situación. Según la OMS, existen otra serie de enfermedades que causan serias discapacidades y deformidad en casi 1.000 millones de personas que viven generalmente en pobreza extrema en áreas remotas de los países menos desarrollados. Entre dichas enfermedades se encuentran la elefantitis (extremidades exageradamente grandes), el dengue y el gusano de Guinea, un parásito que causa una enfermedad dolorosa e incapacitante.

En muchos países menos desarrollados, la vulnerabilidad de las mujeres a las enfermedades es mayor debido a factores económicos, sociales y biológicos. Con frecuencia la larga trayectoria de la discriminación contra la mujer ha dado lugar a desigualdades que perpetúan la falta de acceso a servicios y recursos para las mujeres y sus hijos, lo que a su vez eleva la probabilidad de conductas arriesgadas. Las diferencias anatómicas entre los hombres y las mujeres también juegan un papel en la transmisión de las infecciones. En el caso del VIH, el contagio por contacto sexual es mucho más probable del hombre a la mujer que viceversa. Por ello, en las áreas del África subsahariana más afectadas por el VIH, las mujeres tienen 1,2 mayores probabilidades de ser infectadas que los hombres. La proporción más alta es entre la gente joven, según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA). Las mujeres entre las edades de 15 a 24 años tienen 2,5 más probabilidades de estar infectadas por el VIH que los varones de la misma edad. En el caso de la malaria, una enfermedad que tiene el mayor número de víctimas en África, las mujeres embarazadas, y especialmente las que se encuentran en su primer embarazo, son el principal grupo de riesgo entre los adultos.

Debido a que las mujeres son las que dan a luz y normalmente quienes se encargan principalmente del cuidado del hogar y de otros miembros de la familia, las enfermedades infecciosas entre las mismas tienen un efecto reverberante. Puede que los bebés y niños de las mujeres embarazadas se enfermen, y si las mujeres se enferman el bienestar de toda la familia puede verse afectado. Por ejemplo, las mujeres embarazadas que tienen ciertas infecciones de transmisión sexual (ITS), inclusives la clamidia y la gonorrea, también corren mayor riesgo de sufrir embarazos ectópicos y dar a luz a niños con graves lesiones en el sistema nervioso central, según el Instituto de Medicina de las Academias Nacionales de los EE.UU. Las mujeres con ciertas infecciones de transmisión sexual también tienen mayor riesgo de quedar infértiles y sufrir cáncer o muerte prematura, según indica dicho Instituto en su libro titulado The Hidden Epidemic: Confronting Sexually Transmitted Diseases.

Al abordar el impacto de ciertas enfermedades infecciosas en diferentes partes del mundo, las ONG y otros organismos están utilizando enfoques innovadores para prevenir la morbilidad a nivel de la comunidad con ayuda de las propias mujeres. Dicho enfoque se ha aplicado en Ghana para combatir el gusano de Guinea, y en Puerto Rico respecto al dengue.

El Proyecto del gusano de Guinea en Ghana

El Centro Carter, con sede en Atlanta, en su esfuerzo por combatir el gusano de Guinea, y en colaboración con la Oficina de salud mundial de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Estados Unidos, ha tenido un papel en promover el cambio en la salud de la comunidad en las áreas de Ghana infectadas por dicho gusano.

El gusano de Guinea (dracunculiasis) es un parásito que se transmite cuando se ingieren aguas infectadas y suele afectar a las comunidades rurales pobres que carecen de agua potable y suficientes servicios de salud. Las larvas del gusano pasan por la primera etapa de su desarrollo cuando las ingieren unas pequeñas pulgas de agua, conocidas por el nombre de cíclopes. Cuando la gente bebe el agua contaminada por la pulga, las larvas femeninas y masculinas engendran un gusano femenino, que puede llegar a crecer hasta casi un metro de largo antes de salir por la superficie cuerpo de la persona causando gran dolor, fiebre, nauseas y úlceras, según la OMS. Si la persona no recibe la debida atención, las úlceras pueden tardar mucho tiempo en curar y la situación puede complicarse con infecciones bacterianas secundarias, rigidez en las articulaciones y un encogimiento discapacitante de las extremidades, según la OMS.

Gracias a la campaña para su eliminación mundial en la que colaboran la OMS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y el CDC, el número de casos del gusano de Guinea se ha reducido de un promedio de 10 a 15 millones a comienzos de la década de 1980, a unos 64.000 en 2001. Sin embargo, la enfermedad persiste en varias áreas rurales pobres de África. En Sudán, por ejemplo, la guerra civil ha dificultado las tareas de prevención.

Tradicionalmente las organizaciones humanitarias y de salud, como el Centro Carter, han colaborado con voluntarios de sexo masculino en las aldeas rurales, para reducir la incidencia de la enfermedad manteniendo a las personas infectadas fuera del agua, utilizando un simple trapo o filtro de nylon para quitar la pulga de agua del agua potable, tratando los estanques con larvicidas, educando a los miembros de la comunidad para promover cambios de conducta y proporcionando fuentes de agua inocua. Pero los hombres con frecuencia no han podido identificar todas las fuentes de agua utilizadas por la comunidad, porque no son quienes lavan la ropa ni realizan todas las tareas diarias que exigen el uso de agua. Por ello, el Centro Carter tomó otro camino y está trabajando actualmente con el Club de mujeres de la Cruz Roja de Ghana para reducir la infección a nivel local. En esta colaboración participan mujeres de la comunidad, que son las personas más familiarizadas con los hábitos del hogar relacionados con el agua.

En 1999, mujeres voluntarias realizaron una vigilancia de puerta en puerta respecto al gusano de Guinea en 393 aldeas, en las que distribuyeron filtros, identificaron posibles fuentes de agua, se aseguraron de que las mujeres no entraran en las aguas infestadas y proporcionaron información a otros miembros de la comunidad. Como resultado de estos esfuerzos la incidencia de casos del gusano de Guinea se redujo en un 36% entre 2002 y 2003, según informó Monique Petrofsky, de la Oficina de Salud Mundial del CDC, en la Conferencia Internacional sobre Mujeres y Enfermedades Infeccionas patrocinada por el CDC en febrero de 2004. Otros distritos registraron un incremento del 56% en el mismo período.

El proyecto del dengue en Puerto Rico

Según la OMS, el dengue, cuya mayor incidencia tiene lugar en áreas urbanas pobres y superpobladas de países tropicales, es la enfermedad viral más importante del mundo trasmitida por mosquitos. La transmisión a los seres humanos tiene lugar por el mosquito Aedes aegypti, que vive cerca de los hogares en los envases de almacenamiento de agua y objetos desechados, en lugares donde existe poco suministro de agua y saneamiento deficiente. La fiebre hemorrágica del dengue, una forma más grave de la enfermedad, causa hemorragias internas y las personas infectadas pueden pasar del estado de shock a la muerte en pocas horas después del inicio de los síntomas, según la OMS.

La OMS calcula que hasta 50 millones de infecciones tienen lugar cada año en más de 100 países. La eliminación del dengue es difícil por muchas razones, entre las que se encuentran la falta de vacunas, el efecto mínimo de la aspersión con plaguicidas, y el importante papel que los envases fabricados juegan en el ciclo de vida de los mosquitos infectados. Por esta razón el mejor enfoque para combatir la enfermedad es la prevención.

Debido a que las mujeres son con frecuencia quienes conocen más el entorno del hogar, el CDC recientemente se asoció al programa estadounidense Head Start en Puerto Rico para establecer una novedosa forma de prevención con el apoyo de las trabajadoras de salud de la comunidad, conocidas por el nombre de promotoras. Las promotoras, que son mujeres locales nombradas como líderes por otros miembros de la comunidad, reciben capacitación para contribuir a promover el cambio de conductas en la comunidad. Estas promotoras hacen visitas casa por casa, entrevistan a quienes son cabezas de familia e inspeccionan el área cerca del hogar para asegurarse que no haya envases u otros objetos fabricados que pudieran servir de fuente de reproducción del mosquito. Las promotoras también participan en una serie de actividades de educación de la comunidad, como pintar un puente con mensajes para la prevención del dengue, organizar un desfile de niños para proporcionar a la comunidad información relativa al dengue, y crear una exhibición sobre la prevención de la enfermedad en el supermercado local.

Los esfuerzos de educación han dado lugar a cambios de conducta positivos. Según informó Hilda Seda, del CDC, durante una conferencia en febrero, en comparación con otras comunidades, un 20% más de hogares en la comunidad del proyecto pusieron envases que cabeza abajo para impedir que fueran infestados de larvas.

Dirección futura

Aunque todavía queda mucho por aprender sobre la mejor forma de promover la salud entre las mujeres, se está prestando atención a intervenciones novedosas en el combate de las infecciones que resultan en cambios positivos de conducta entre poblaciones de difícil acceso. Si se dedicaran recursos a dichas intervenciones se podría, no solamente lograr una situación más equitativa para las mujeres con respecto a las enfermedades infecciosas, sino también reforzar la posición y mejorar la estima personal de las mujeres encargadas de ayudar a mejorar y salvar la vida de sus familiares y vecinos.


Rachel Wilson es una escritora y editora de temas de medicina en Atlanta, Georgia, EE.UU.

Bibliografía

Thomas R. Eng and William T. Butler, eds., The Hidden Epidemic: Confronting Sexually Transmitted Diseases (Washington DC: National Academy Press, 1997).

Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y OMS, AIDS Epidemic Update: December 2003 (Ginebra: ONUSIDA y OMS, diciembre 2003).

Mary Kay Kindhauser, ed., Communicable Diseases 2002: Global Defence Against the Infectious Disease Threat (Ginebra: Organización Mundial de la Salud, 2003).

Monique Petrofsky, “Successes with Guinea Worm Work” (Presentación en la Conferencia Internacional sobre Mujeres y Enfermedades Infecciosas, en Atlanta, Feb. 27-28, 2004).

Hilda Seda, “The Role of Women in Dengue Prevention: Results of a Pilot Study in Puerto Rico” (Presentación en la Conferencia Internacional sobre Mujeres y Enfermedades Infecciosas, en Atlanta, Feb. 27-28, 2004).

Organización Mundial de la Salud (WHO), Scaling up the Response to Infectious Diseases: A Way Out of Poverty (Ginebra: OMS, 2002).

 

 

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